martes, enero 16, 2018

"Ars poética: No alcanzó a escribir este poema (Homenaje a Ronald Kay)", de Rodrigo Arriagada Zubieta







En principio el autor del poema
debía esperar que las palabras le dolieran,
escupir sangre de boca en boca
para que circulara la voz
suturando el cisma entre los signos y las cosas,
enfermar de exceso de espíritu
y morir en un hospital público con su lucidez a solas
bajo una luz boreal de espantoso amanecer.

Debía absorber un golpe de relámpago
como el primer trago de agua en la mañana
oyendo desde el alto de los campanarios
un amargo catecismo de mil hojas
esparcidas como sed de voces que se espesan
al sonido de la noche, demasiado lejos.

Prefirió, en cambio, desaparecer en una cámara oscura
desde donde proyectar
el retrato inverso de su imagen,
reflejar la ausencia en una y mil páginas
en un mundo tibiamente deshabitado por él mismo
y envejecer inviernos adentro, al margen de su tiempo.
No creyó en la Flor Azul ni en Bizancio,
ni en Occidente y los Sacrosantos Poderes,
tampoco en las estrellas que brillan por su ausencia
mucho menos
                       en los universos falsificatorios de Macondo.

Eligió el silencio que amenaza a todo discurso
y ni la música de todas las esferas
pudo contra el mudo ritmo de quien huye despavorido
de la confusión babélica de las lenguas.

Los versos que aquí no se alcanzaron a escribir
hubieran sido todavía célebres
si las expresiones claro de luna, polvo de la tarde
y reescritura posmoderna aún figuraran
como sujetos tácitos de una oración negativa simple.
La excepción a esta regla
y el retrato de una ninfa desnuda en su habitación
son pruebas irrefutables
que confirman la existencia mutua del poeta y el poema.









Inédito























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