jueves, julio 06, 2017

"El diario secreto de Laura Palmer", de Jennifer Lynch

Fragmento / © Traducción de Juan Carlos Villavicencio



4 de agosto, 1986
3:30 A.M

Querido diario,

Me ha llegado ahora la claridad de que he decidido seguirle la corriente. Al parecer, después de repetírmelo por siglos, finalmente tengo esta sensación de tener un propósito al unirme a él con la única finalidad de dar la pelea. De unirme a la oscuridad, y tal vez aferrarme a esa parte de luz que persiste dentro de mí, y utilizarla como la fuerza que siempre debió haber sido.

Ah, la imparcialidad de la vida. Ese particular momento cuando una mano se levanta de manera visible o verbal, gritando, ¡DETENTE, está muriendo! Esta niña está muriendo sin ninguna medida de seguridad, medida con la que todos parecen estar luchando, como si fuera un inconveniente.

Busqué cuidadosamente y encontré un espacio dentro de mí que dice que casi es demasiado tarde, que los míos no son los ojos de una niña de quince años, sino los ojos de alguien que ha tenido miedo de mirar alrededor suyo y de cuestionar acaso la más simple de las cosas. Mi mente, prosigue, no es la mente de una mujer joven que imagina la vida como una serie de sweaters calientes, mientras que el periodo de frío pasa.

Me advierte que la mente en la que vivo pertenece a alguien que sabe demasiado sobre la vida y cómo termina frecuentemente sin previo aviso. Cómo nos hace estallar, cómo se atreve a hacernos soñar cuando nada tiene sentido en realidad. Se las arregla para dejar de lado que hay un plan labrado en el planeta para mí. Esta mente lo sabe.

La realidad de que no hay elección alguna en los sucesos del día, ni siquiera en el momento en el que, antes de abrir los ojos para ver por primera vez la luz, alguien que carga un inmenso mal y sigilo te escoge. Hace girar una botella y ríe nerviosamente ante el poder dado en un simple juego de selección.


Laura









Contribución indirecta a DscnTxt de David Villagrán













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