viernes, septiembre 30, 2011

“Revisión de los escombros”, de Clemente Riedemann







Olas suaves se cuelan por entre los tobillos de los postes. Los lanchones cabecean acurrucados en los hangares. Zumba el tábano en el interior del cobertizo, donde exquisito huele el aceite en las cuadernas. La marea arrastra trozos de cáñamo, viruta desdeñada por la garlopa enloquecida.


El viejo carril rueda por las nubes. El aire ahoga el estertor de los hierros. En el agua se duplican las hojas del canelo. Misteriosa es la frescura de los ramajes tardíos.


No se espera a un dios: sólo a la fortuna que el hombre ha despreciado: el hemisferio opuesto, el coraje asertivo, la prefiguración. Invitan desde la lejanía, a su sombra, los tilos.





en Isla del Rey, 2002














jueves, septiembre 29, 2011

"Barrabás", de Pär Lagerkvist

Fragmento




Todos los cristianos, acusados de haber desencadenado el incendio fueron reunidos en la prisión debajo del Capitolio; entre ellos se hallaba Barrabás. Lo habían sorprendido en flagrante delito y, después de la audiencia, fue incorporado a los presos. Era uno de ellos.

La prisión había sido cavada en la roca misma y la humedad destilaba de los muros. En la penumbra reinante no podía verse sino vagamente y Barrabás se aprovechaba de ello. Sentado aparte, en la paja podrida, escondía el rostro todo el tiempo.

Los demás habían hablado mucho del incendio y de la suerte que los esperaba. Si se los acusaba de haberlo provocado era para dar una razón con el fin de encarcelarlos y condenarlos. Los jueces sabían bien que no lo habían hecho. Ninguno de ellos había sido apresado en el lugar; no habían salido de sus casas desde que se les advirtió que empezarían las persecuciones y que el sitio de su reunión en las catacumbas había sido descubierto. Eran inocentes. Pero ¿para qué les servía? Todo el mundo quería creer que eran culpables. Todo el mundo quería creer lo que gritaba en las calles el populacho pagado para ello: «¡Son los cristianos ¡Son los cristianos!»

—¿Quién les ha pagado? —preguntó una voz en la oscuridad.








1950










miércoles, septiembre 28, 2011

“Los frailes jesuitas buscaban…”, de Víctor Hugo Cárdenas






Los frailes jesuitas buscaban
la ciudad de cipreses y alerces
inmensamente rica en oraciones
muchos cristos cultivaban el oro sin aleaciones malévolas.

Eran grandes vetas de almas relucientes
que desde la dalcas benditas se podían avistar.

Los frailes jesuitas siempre se bendecían
a sí mismo por su tesón
sumergiéndose una y otra vez en su propia fe.

Desde los turbios bosques de lluvias indómitas
vieron entre los relámpagos relucir
rostros de indias llenas de poesía salvaje.
Los frailes querían rezar de rodillas

en medio de las calles y edificios
que navegaban en las crónicas
como oro pulido por los ángeles
pero sólo Dios abre las puertas de la Ciudad de los Césares.

Pocos cipreses y alerces todavía se ven
atravesando como milagros
de lado a lado
el cielo que vemos en nuestros horizontes.




en El eco de los trieles, 2005













martes, septiembre 27, 2011

"El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas", de Haruki Murakami

Fragmento



¿Cómo es que el sol continúa brillando?
¿Cómo es que los pájaros todavía cantan?
¿Acaso no lo saben?
¿No saben que ha llegado el fin del mundo?

En todo caso, lo único que podía hacer yo era clavar los ojos, sin palabras, en aquellos fragmentos heterogéneos que iban perfilándose y desapareciendo. También había imágenes conocidas, claro está. Hierba verde mecida por el viento, nubes blancas corriendo por el cielo, la luz del sol temblando sobre la superficie del río. Imágenes, paisajes normales y corrientes. Pero estos paisajes ordinarios colmaban mi corazón de una extraña e inexplicable tristeza. ¿En qué parte de éstos se ocultaban los elementos que me entristecían tanto? Ni yo mismo lo sabía. Y, como un barco que cruzara por el otro lado de la ventana, aparecían y se desvanecían sin dejar rastro.

Las imágenes se mantenían unos instantes y, después, al igual que se va retirando la marea, los viejos sueños empezaban a perder su calor y volvían a ser cráneos blancos y fríos. Los viejos sueños se sumían de nuevo en su largo letargo. Y el agua se escurría entre los dedos de ambas manos y caía al suelo. Mi labor como «lector de sueños» consistía en repetir eso, una y otra vez.

Cuando los viejos sueños habían quedado completamente fríos, se los pasaba a ella, que iba alineando los cráneos sobre el mostrador. Mientras, yo permanecía con ambas manos posadas sobre la mesa, para descansar un poco y aplacar mis nervios. Podía leer unos cinco o seis viejos sueños al día. Superado este número, perdía la concentración y las yemas de mis dedos no captaban más que un débil murmullo. Cuando las agujas del reloj marcaban las once, me sentía tan exhausto que, durante un tiempo, apenas podía ponerme en pie.

Al final, ella siempre preparaba café caliente. A veces traía de su casa unas galletas o un pastel de frutas que había preparado durante el día y nos lo tomábamos como tentempié. Sentados frente a frente, sin apenas abrir la boca, nos bebíamos el café y comíamos las galletas o el pastel. Yo estaba tan cansado que, durante un rato, no lograba articular bien las palabras y ella, que lo sabía, también enmudecía.
—Quizá no puedas abrir tu corazón por mi culpa, ¿no crees? —me dijo un día—. Yo no puedo responder a tu corazón, y tal vez por eso tú lo cierras tanto.

Nos habíamos sentado, como solíamos, en las escaleras que conducían a la isleta del centro del Puente Viejo y mirábamos el río. La luna helada y blanca, convertida en un pequeño fragmento, se reflejaba temblorosa en las aguas del río. Un bote de madera fina que alguien había dejado amarrado al poste de la isleta unía su ligero chapoteo al murmullo del río. Como estábamos sentados el uno al lado de la otra en los estrechos escalones, yo percibía junto a mi hombro el calor de su cuerpo.

«¡Qué extraño!», pensé. «La gente asocia el corazón con algo cálido. Pero no hay relación alguna entre el corazón y el calor del cuerpo.»
—No, no es cierto —repliqué—. Que no abra mi corazón es un problema únicamente mío. Tú no tienes la culpa. No comprendo bien mi corazón, y por eso estoy confuso.
—Entonces, ¿tú tampoco entiendes lo que es el corazón?
—No siempre lo entiendo —dije—. En ocasiones sólo logro entenderlo mucho después, cuando ya es demasiado tarde. La mayoría de las veces, las personas tenemos que tomar decisiones sin entender nuestro corazón, y esto nos hace titubear.
—A mí me parece que el corazón es algo muy imperfecto —dijo ella sonriendo.

Me saqué las manos de los bolsillos y las contemplé a la luz de la luna. Teñidas de aquella tonalidad lechosa, se me antojaron un par de esculturas sin objeto, confinadas en aquel pequeño mundo.
—Sí, también a mí me lo parece. Es muy imperfecto —dije—. Pero deja huella. Y podemos seguir su rastro, del mismo modo que se siguen las pisadas sobre la nieve.
—¿Y adonde conducen?
—A uno mismo —respondí—. El corazón es así. Sin corazón no llegas a ninguna parte. —Alcé los ojos hacia la luna. La luna de invierno flotaba en el cielo de la ciudad cercada por la alta muralla y emitía una luz tan clara que casi parecía incongruente—. Tú no tienes la culpa de nada —añadí.






1985









lunes, septiembre 26, 2011

"Fin del mundo", de Jorge Teillier






El día del fin del mundo
será limpio y ordenado
como el cuaderno del mejor alumno.
El borracho del pueblo
dormirá en una zanja,
el tren expreso pasará
sin detenerse en la estación,
y la banda del Regimiento
ensayará infinitamente
la marcha que toca hace veinte años en la plaza.
Sólo que algunos niños
dejarán sus volantines enredados
en los alambres telefónicos,
para volver llorando a sus casas
sin saber qué decir a sus madres
y yo grabaré mis iniciales
en la corteza de un tilo
pensando que eso no sirve para nada.

Los evangélicos saldrán a las esquinas
a cantar sus himnos de costumbre.
La anciana loca paseará con su quitasol.
Y yo diré: “El mundo no puede terminar
porque las palomas y los gorriones
siguen peleando por la avena en el patio”.





en Poemas del País de Nunca Jamás, 1963







Imagen: Jorge Teillier en La belleza de pensar, 1995

Arte: Juan Carlos Villavicencio











domingo, septiembre 25, 2011

"Mi país", de Carlos Germán Belli







Solo es mío
el país que se halla en mi alma.
Entré sin pasaporte
como en mi casa.
Él ve mi tristeza
y mi soledad.
Me adormece
y cubre con una piedra perfumada.

En mí florecen jardines,
mis flores son inventadas,
las calles me pertenecen.
Pero no hay casas,
han sido destruidas desde la infancia.
Los habitantes vagabundean por el aire
a la búsqueda de una morada.
Ellos habitan en mi alma.

He aquí por qué sonrío
cuando mi sol brilla apenas,
o lloro como una ligera lluvia en la noche.

En otro tiempo
cuando yo tenía dos cabezas,
en otro tiempo
estos dos rostros
se cubrían de amoroso rocío
y se condensaban como el perfume de una rosa.

Ahora me parece
que aun cuando retrocedo
voy delante
hacia un alto portal
detrás del cual se extienden los muros
donde duermen los truenos apagados
y los relámpagos quebrados.

Solo es mío
el país que se halla en mi alma.







en Letra a Letra, 2011










Contribución a Dscntxt de Miguel Ángel Zapata






sábado, septiembre 24, 2011

“Mal”, de José Miguel Varas

12 de marzo de 1928 - 23 de septiembre de 2011





La Rosa Colmillo era grande y cuadrada, dura para el trabajo y seca para el trago. Se sujetaba el pelo en un moño siempre mal hecho y a punto de caer. Era una de las mujeres que encontraba doña Herminda cuando llegaba el tiempo de las nueces, mujeres prefería porque rendían parejo y reclamaban menos.

La Rosa había pasado la noche en buena compañía, parece. No está claro si tan buena. En todo caso, en compañía. Cuando salió a trabajar serían las diez, las otras ya llevaban más de tres horas recogiendo. Venía con el cuerpo malo, agria y un poco verde, con la boca torcida. Doña Herminda la recibió en los cachos, le dijo de una a cien. Se anduvo sobrepasando, pensaron las otras, pero no dijeron nada. La Rosa no le hizo juicio y se dejó caer debajo de un carretón viejo que daba sombra. Durmió de un tirón hasta pasadas las doce.

Las mujeres estaban terminando los porotos, algunas estaban haciendo su atadito con media galleta o galleta entera para comer después o para llevarle a las crías, cuando llegó la Rosa Colmillo con los ojos y la cara hinchados a sentarse en la mesa. Doña Herminda ya no se sobrepasó, ahora se propasó. Le dedicó versos escogidos: la perla llegaba a trabajar tarde por el mal vivir, dormía toda la mañana y encima quería almorzar la muy fresca. Todo esto, bien condimentado.

La Rosa Colmillo la miró como si no le creyera: “No me va a dar de comer”, le preguntó.

“¡Miren qué prosa!”, dijo doña Herminda, “los porotos hay que ganárselos”.

La Rosa Colmillo se ofendió: “Esto le va a pesar, señora”, fue lo único que dijo. Dio media vuelta y partió. Todas se quedaron paralizadas, como con susto. Se sentía zumbar un coliguacho en el jardín.

“Mejor, no quiero verla más. Ya me tenía colmada la Colmillo con sus modos”, dijo doña Herminda.

Pero en la tarde, mientras podaba los rosales, se enterró una espina en el dedo del corazón. Se la sacó con cuidado y no le dio importancia. En la noche despertó varias veces porque el dedo le dolía con latidos. Al otro día le amaneció hinchado y negro, de muy feo aspecto. Lo puso en agüita de libur, pero la hinchazón no bajó.

Mandó un niño al pueblo, como a cuatro leguas, a llamar al practicante para que viniera y le zajara, pero la señora mandó a decir que andaba varios días en las tomas y no había para cuando.


Consiguió con don Este que la llevara al consultorio nuevo, que estaba como a diez kilómetros en las casas del fundo el Columpio. Por el camino le venían mareos, no sabía si por infección del dedo o por el traqueteo del tractor. Tuvo que esperar como tres horas al doctorcito, éste metió una cuchillita y saltó el chorro de sangre mala. Le hizo una curación completa y doña Herminda se ponía pálida cuando apretaba. Le puso tintura de yodo y una venda muy firme.

Estuvo mejor un día, pero al otro volvió a empeorar. Entonces doña Herminda se acordó de lo que dijo la Rosa Colmillo y pensó que era un mal. Mandó preguntar por ella, pero nadie la había visto hacía tiempo. Fue y la acusó en el retén de carabineros, pero el cabo se rascaba mucho la cabeza y no hallaba cómo, le dijo que iban a tratar de ubicarla. Parece que no pudieron.

En esto apareció providencial don Beña, un ciego de virtud, y doña Herminda lo consultó: “Este es mal y del más fuerte”, dijo él con la cabeza inclinada, como si escuchara, mientras la palpaba muy suave el dedo, que ya parecía un sapo, “la falangeta la tiene perdida”.

Doña Herminda fumaba y fumaba para aguantar el dolor y dijo: “Qué importa. Perdida o no perdida, haga algo para sanarme, don Beña”.

Don Beña se fue con la niñita que lo guía y volvió en la tarde con una pastita verde. Se la puso en el dedo entre rezos, conjuros y sahumerio. Cuatro días, por la mañana y por la tarde, le repitió el tratamiento. Al quinto día, cuando se sacó la venda, se desprendió también la primera falange del dedo, con uña y todo.

Doña Herminda se quedó con un dedito corto, medio torcido y puntiagudo, como una garrita, hasta el día de hoy. Lo lamentó, pero fue agradecido con don Beña y le regaló una pavita.

A veces se acuerda de la Rosa Colmillo, dura para el trabajo y seca para el trago, qué será de ella, ¿no?, pero el caso es que no se ha vuelto a ver por este lado, señor.




en Cuentos completos, 2001














viernes, septiembre 23, 2011

"Los trazos de la canción", Bruce Chatwin

Fragmento




Entusiasmado, Harry se olvidó de su clase. Se sentó en el borde de la cama, a los pies de Jewel, exhibiendo la curiosidad de un veterinario ante un animalito enfermo. Movido por la alegría del momento, confesó que era coleccionista desde que tenía uso de razón.

-Poseer cosas es mi vicio solitario-, dijo, -ahora que soy un hombre de 19 años ya no me interesan los juguetes-.

Estaba hastiado de secuestrar pájaros carnívoros, canicas antiguas, volantines sagrados, libros escritos en lenguas muertas. Coleccionaría personas, o más bien, los trazos de sus canciones. La gente de carne y sangre en nada inflamaba su ánimo de secuestrador benevolente, pero suponía que cada cual era un hilo tramado en la red de un universo respetable y caótico, una línea melódica que discurre afinada en la frecuencia de las líneas de sus semejantes, ancestros, y descendientes. Los aborígenes australianos rehacen a diario el mundo volviendo sobre los trazos de la canción de sus antepasados, y así mantienen siempre fresca la creación de las montañas, los valles, los desiertos y los ríos secretos. En esta ciudad americana, sin mitos ni ceremoniales colectivos, algunas vidas se agotan en un escaso pentagrama de relaciones vivenciales. Otras, sin ser infinitas, rematan en la gloria de una vasta sinfonía de trazos melódicos.







1987







jueves, septiembre 22, 2011

“El recuerdo de Lisa”, de Roberto Bolaño







El recuerdo de Lisa se descuelga otra vez
por el agujero de la noche.
Una cuerda, un haz de luz
y ya está:
la aldea mexicana ideal.
En medio de la barbarie, la sonrisa de Lisa,
la película helada de Lisa,
el refrigerador de Lisa con la puerta abierta
rociando con un poco de luz
este cuarto desordenado que yo,
próximo a cumplir cuarenta años,
llamo México, llamo D.F.,
llamo Roberto Bolaño buscando un teléfono público
en medio del caos y la belleza
para llamar a su único y verdadero amor.




en La universidad desconocida, 2007













miércoles, septiembre 21, 2011

"Sobre la paz perpetua" de Immanuel Kant

Fragmentos

“A la paz perpetua

Esta inscripción satírica que un hostelero holandés había puesto en la muestra de su casa, debajo de una pintura que representaba un cementerio, ¿estaba dedicada a todos los “hombres” en general, o especialmente a los gobernantes, nunca hartos de guerra, o bien quizá sólo a los filósofos, entretenidos en soñar el dulce sueño de la paz? Quédese sin respuesta la pregunta. Pero el autor de estas líneas hace constar que, puesto que el político práctico acostumbra desdeñar, orgulloso, al teórico, considerándole como un pedante inofensivo, cuyas ideas, desprovistas de toda realidad, no pueden ser peligrosas para el Estado, que debe regirse por principios fundados en la experiencia; puesto que el gobernante, “hombre experimentado”, deja al teórico jugar su juego, sin preocuparse de él, cuando ocurra entre ambos un disentimiento deberá el gobernante ser consecuente y no temer que sean peligrosas para el Estado unas opiniones que el teórico se ha atrevido a concebir, valgan lo que valieren. Sirva, pues, esta “cláusula salvatoria” de precaución que el autor de estas líneas toma expresamente, en la mejor forma, contra toda interpretación malévola.


ARTÍCULOS PRELIMINARES DE UNA PAZ PERPETUA ENTRE LOS ESTADOS



3.º- Los ejércitos permanentes -miles perpetuus- deben desaparecer por completo con el tiempo.

3.1 Los ejércitos permanentes son una incesante amenaza de guerra para los demás Estados, puesto que están siempre dispuestos y preparados para combatir. Los diferentes Estados se empeñan en superarse unos a otros en armamentos, que aumentan sin cesar. Y como, finalmente, los gastos ocasionados por el ejército permanente llegan a hacer la paz aún más intolerable que una guerra corta, acaban por ser ellos mismos la causa de agresiones, cuyo fin no es otro que librar al país de la pesadumbre de los gastos militares. Añádase a esto que tener gentes a sueldo para que mueran o maten parece que implica un uso del hombre como mera máquina en manos de otro -el Estado-; lo cual no se compadece bien con los derechos de la Humanidad en nuestra propia persona.
3.2 Muy otra consideración merecen, en cambio, los ejercicios militares que periódicamente realizan los ciudadanos por su propia voluntad, para prepararse a defender a su patria contra los ataques del enemigo exterior. Lo mismo ocurriría tratándose de la formación de un tesoro o reserva financiera; pues los demás Estados lo considerarían como una amenaza y se verían obligados a prevenirla, adelantándose a la agresión. Efectivamente; de las tres formas del Poder “ejército”, “alianzas” y “dinero”, sería, sin duda, la última el más seguro instrumento de guerra si no fuera por la dificultad de apreciar bien su magnitud.



5.º- Ningún Estado debe inmiscuirse por la fuerza en la Constitución y el gobierno de otro Estado.

5.1 ¿Con qué derecho lo haría? ¿Acaso fundándose en el escándalo y mal ejemplo que un Estado da a los súbditos de otro Estado? Pero, para éstos, el espectáculo de los grandes males que un pueblo se ocasiona a sí mismo por vivir en el desprecio de la ley es más bien útil como advertencia ejemplar; además, en general, el mal ejemplo que una persona libre da a otra -scandalum acceptum- no implica lesión alguna de esta última.
5.2 Sin embargo, no es esto aplicable al caso de que un Estado, a consecuencia de interiores disensiones, se divida en dos partes, cada una de las cuales represente un Estado particular, con la pretensión de ser el todo; porque entonces, si un Estado exterior presta su ayuda a una de las dos partes, no puede esto considerarse como una intromisión en la Constitución de la otra -pues ésta entonces está en pura anarquía-. Sin embargo, mientras esa interior división no sea francamente manifiesta, la intromisión de las potencias extranjeras será siempre una violación de los derechos de un pueblo libre, independiente, que lucha sólo en su enfermedad interior. Inmiscuirse en sus pleitos domésticos sería un escándalo que pondría en peligro la autonomía de todos los demás Estados.



6.º- Ningún Estado que esté en guerra con otro debe permitirse el uso de hostilidades que imposibiliten la recíproca confianza en la paz futura; tales son, por ejemplo, el empleo en el Estado enemigo de asesinos (percussores), envenenadores (venefici), el quebrantamiento de capitulaciones, la excitación a la traición, etc.

6.1 Estas estratagemas son deshonrosas. Pues aun en plena guerra ha de haber cierta confianza en la conciencia del enemigo. De lo contrario, no podría nunca ajustarse la paz, y las hostilidades degenerarían en guerra de exterminio -bellum internecinum-. Es la guerra un medio, por desgracia, necesario en el estado de naturaleza -en el cual no hay tribunal que pueda pronunciar un fallo con fuerza de derecho-, para afirmar cada cual su derecho por la fuerza; ninguna de las dos partes puede ser declarada enemigo ilegítimo -lo cual supondría ya una sentencia judicial-, y lo que decide de qué parte está el derecho es el “éxito” de la lucha -como en los llamados juicios de Dios-. Pero entre los Estados no se concibe una guerra penal -bellum punitivum-, porque no existe entre ellos la relación de superior a inferior.
6.2 De donde se sigue que una guerra de exterminio, que llevaría consigo el aniquilamiento de las dos partes y la anulación de todo derecho, haría imposible una paz perpetua, como no fuese la paz del cementerio de todo el género humano.
6.3 Semejante guerra debe quedar, pues, absolutamente prohibida, y prohibido también, por tanto, el uso de los medios que a ella conducen. Y es bien claro que las citadas estratagemas conducen inevitablemente a aquellos resultados, porque el empleo de esas artes infernales, por sí mismas viles, no se contiene dentro de los límites de la guerra, como sucede con el uso de los espías -uti exploratoribus-, que consiste en aprovechar la indignidad de “otros” ya que no sea posible extirpar este vicio-, sino que se prosigue aun después de terminada la guerra, destruyendo así los fines mismos de la paz.








Zum ewigen Frieden. Ein philosophischer Entwurf, 1795









martes, septiembre 20, 2011

“11/S: Preguntas que esperan respuestas”, de Wayne Madsen






Diez años después de los ataques del 11 de septiembre, el gobierno de los EE. UU. ha dejado bien claro que tiene algo que ocultar. Desde el asesor de la Casa Blanca para temas contra el terrorismo hasta los copresidentes de la Comisión Nacional de Investigación, una tras otra, estas figuras claves han tomado sus medidas para desligarse de una versión oficial que simplemente no encaja. Yo echo una mirada otra vez a esta gran operación secreta.


El jefe de las operaciones anti-terrorismo del ex-presidente Bush, asesor Richard Clarke reveló que la CIA, bajo el mandato de George Tenet, trató de reclutar algunos de los terroristas de Al Qaeda involucrados en el 11 de septiembre antes del ataque que tuvo lugar en 2001, pero después de fracasar en su intento, Tenet y su equipo de la CIA encubrieron los esfuerzos fallidos para dicho reclutamiento.

Esta revelación es otro elemento más que se añade a lo que se ha convertido en el informe de mayor descrédito del gobierno de los EE. UU. desde el tristemente célebre Informe Warren sobre el asesinato del Presidente John F. Kennedy en 1963. En realidad, el Informe Warren recibió un golpe de descrédito cuando se supo que la Primera Dama Jacqueline había revelado al historiador Arthur Schlesinger Junior en 1964 que el Vicepresidente Lyndon B. Johnson estaba detrás del asesinato de su esposo en Dallas.

La revelaciones hechas por la Señora Kennedy y por Clarke muestran que el gobierno de los Estados Unidos no es confiable para llevar a cabo investigaciones de fechorías hechas con pleno conocimiento y total apoyo de altos funcionarios de la CIA y de la Casa Blanca. Los ataques del 11 de septiembre no son más que acciones encubiertas a esos altos niveles del gobierno.

Las recientes declaraciones de Clarke sobre el conocimiento por parte de la CIA sobre las células de Al Qaeda involucradas en los hechos del 11 de septiembre antes de que estos sucedieran en 2001 en Nueva York y Washington sólo nos dejan ver la mera superficie del mundo de la inteligencia, los grupos altamente compartimentados, que planearon cuidadosamente los ataques y como los medios encubrieron el desarrollo de dichos acontecimientos.

El individuo que sobresale entre todos los funcionarios de la inteligencia y agentes de la ley que trataron de buscar activamente la red criminal que llevarían a cabo los atentados del 9/11 era el jefe anti-terrorismo del FBI John O´Neil [que falleció curiosamente el 11 de septiembre de 2001, ndlr]. Desde que ocurrió el primer atentado con bomba contra el “World Trade Center” en 1993, O´Neil emprendió una empecinada búsqueda de Osama bin Laden y de Al Qaeda. Y después de ocurrir otros ataques terroristas contra las Torres Khobar, en Dharan, Arabia Saudita; contra las embajadas de EE. UU. en Kenia y Tanzania, y contra el buque USS Cole en el puerto de Adén, el mayor problema de O´Neil ya no era Al Qaeda, sino la resistencia de altos funcionarios en el seno del gobierno estadounidense.

La mayor teoría de la conspiración de todos ellos, el reporte (informe) de la comisión oficial sobre el 9/11, que concluyó que diecinueve hombres, mayoritariamente de Arabia Saudita, secuestradores con cuchillas fueron capaces de burlar al multimillonario sistema de defensa e inteligencia de los EE. UU. en tan sólo unas horas, en una mañana de de martes del 2001, ha sido desacreditada en parte por los dos copresidentes de la Comisión 9/11: el ex-gobernador de Nueva Jersey, Thomas Kean, y el ex –representante demócrata por Indiana, Lee Hamilton. Ambos dijeron que funcionarios del gobierno mintieron a su comisión y que se ocultó información importante que no fue entregada a los investigadores.

La ira de Kean y de Hamilton sería mejor empleada contra Philip Zelikow, ayudante de la consejera para la Seguridad Nacional de Bush, Condoleezza Rice, que aseguró bajo juramento que nadie podría esperar el uso de aviones de pasajeros como armas. Zelikow fue designado director ejecutivo de la Comisión 9/11 y tenía la misión de evitar cualquier investigación sobre el papel de la CIA, de los sauditas, y de los intereses de Wall Street en la creación de los ingredientes que permitieron que los ataques del 11 de septiembre ocurrieran sin complicación o obstáculo alguno. Es conocida la conducta que ha mantenido Zelikow de desacreditar cualquier teoría que no se ajuste a la doctrina del gobierno, incluyendo ataques a cualquiera que se no crea en los mitos de la Comisión Warren sobre el asesinato del Presidente Kennedy.

Desgraciadamente, los ataques del 9/11 contra el “World Trade Center” no constituyeron la primera vez que el gobierno de EE. UU. se involucró en un gran encubrimiento de un ataque contra dichos edificios. Según fuentes de inteligencia norteamericanas, el FBI y el Departamento de Justicia ocultaron volúmenes de traducciones de mensajes telefónicos en idioma árabe interceptados antes de que ocurriera el atentado con bomba en 1993 contra el “Trade Center”, en el interior de los EE. UU. y desde Sudán, donde se encontraban militantes islámicos que una vez trabajaron para la inteligencia norteamericana durante la guerra de los mujadhines contra la Unión Soviética, en Afganistán.

Los importantes servicios de inteligencia, que demostraron la existencia de una relación entre la CIA y las fuerzas Mujadhines “afgano-árabes”, incluidos los que eran fieles a Osama bin Laden, nunca aparecieron en el juicio de la célula de Brooklyn y Jersey, en la que estaban el clérigo egipcio ciego Shaikh Omar Abdul Rahman, Ramzi Yousef y Eyad Ismail. La célula de Nueva York y Nueva Jersey también incluía a Ali Mohammed, un graduado de la Escuela de las Fuerzas Especiales del Ejército, en Fort Bragg, Carolina del Norte. Este hombre, cuando estaba en servicio activo como miembro de las Fuerzas Especiales, viajó en secreto a Afganistán a entrenar a las fuerzas de Bin Laden y brindarles información de inteligencia sobre los “objetivos blandos” norteamericanos para llevar a cabo ataques terroristas; en la célula también aparecía Wadih el Hage, secretario personal de Bin Laden, residente en los EE. UU.

Es irónico que, los dos hombres responsables de la no presentación de la información de inteligencia sobre el ataque de 1993 contra el “World Trade Center” ante el jurado y el Gran Jurado—los principales fiscales federales en Nueva York y Nueva Jersey en el caso del atentado con bomba—fueran Patrick J. Fitzgerald y Michael Chertoff, respectivamente. Fitzgerald llegó a ser el Fiscal del Distrito Norte de Illinois y comenzó sus actividades con la acusación y castigo de dos gobernadores de Illinois por corrupción: el Republicano George Ryan y el Demócrata Rod Blagojevich. Ambos casos fueron shows de trasfondo político.

Ahora se añade a las atrocidades cometidas por el gobierno de EE. UU. el hecho de que, según una fuente del FBI, el jefe investigador de esta instancia contra Al Qaeda en los años 90, el desaparecido John O´Neil, estaba furioso porque una gran parte de las informaciones de inteligencia sobre las llamadas telefónicas nunca fue presentada como evidencia y quedó sin traducir y clasificada.

Existen otros vínculos de la CIA con Bin Laden y Al Qaeda que son muy numerosos para describirlos.

Sin embargo, hay uno que sobresale porque involucra a una figura clave en el Pentágono que dirigió Donald Rumsfeld cuando ocurrieron los ataques del 11 de septiembre. Una fuente de la CIA relacionada con el Fondo para la Defensa de Bosnia, recogía donaciones de los países árabes y musulmanes para la guerra de Bosnia contra Serbia y Croacia, y reveló que la Red contra Delitos Financieros del Departamento del Tesoro (FINCEN) tenía preocupaciones que las transferencias de dinero hechas por le Banco Riggs a la cuenta del Fondo para la Defensa de Bosnia en el Banco Central de Sarajevo estuvieran beneficiando a elementos terroristas que se creía que estaban relacionados con Osama Bin Laden y Al Qaeda. Riggs era el banco principal que brindaba servicios al embajador saudita en EE. UU., el príncipe Bandar y su esposa la princesa Haifa y era también el banco que tenía vínculos con la familia de George H.W. y George W. Bush.

Cuando la fuente CIA se quejó de que los Fondos de Defensa para Bosnia estaban pasando a las manos de terroristas islámicos, incluyendo personas relacionadas con Bin Laden, recibió la respuesta de uno de los principales funcionarios del Fondo: “¡Sólo tienes que hacer que suceda!

El vínculo de Bosnia con Al Qaeda era importante. En realidad, Bin Laden no sólo había visitado Bosnia—según informes—sino que portaba al menos un pasaporte diplomático de Bosnia y había interactuado con diplomáticos bosnios en Viena, Austria.

Pero no se puede ignorar la relación entre Mossad y el 9/11. Dos documentos internos del gobierno estadounidense revelaron que entre los 120 “estudiantes de arte” israelíes que trataron de penetrar la seguridad de decenas de edificios de oficinas federales y que visitaron las residencias de muchos funcionarios del sistema de justicia en el 2000 y 2001 utilizaban direcciones residenciales y postales en el Sur de la Florida y en Texas, cerca de otras utilizadas por los secuestradores de los aviones del 9/11.

La información trascendió en un informe de la Oficina Antidroga (DEA) redactado en junio de 2001 sobre las actividades de los estudiantes de arte y de una lista del FBI con los nombres de los secuestradores y otros sospechosos, incluyendo un conocido agente del Mossad, Dominick Suter, que dirigía una compañía israelí en Weehawken, Nueva Jersey. La lista del FBI se dio a conocer accidentalmente a principios del mes de octubre de 2001 en un sitio web del gobierno Finlandés.


 
"Nuestro objetivo era documentar el Evento"

Cinco israelíes que trabajaban para la compañía “Urban Moving Systems” de Suter fueron arrestados por la policía y el FBI en la tarde del 11 de septiembre mientras conducían una camioneta sospechosa cerca del Giant Stadium, en Secaucus, Nueva Jersey. Los cinco israelíes eran los únicos sospechosos arrestados el día 11 de septiembre de 2001 por supuesto vínculo con los ataques de ese día. Los cinco fueron deportados a Israel sin jamás ser formalmente acusados de nada. El memo de la DEA decía específicamente que los israelíes que intentaron penetrar oficinas federales y residencias de empleados del sistema legal pudieron haber tenido vínculos con un “grupo fundamentalista islámico”.

Incluso diez años más tarde, el gobierno de los EE. UU. y los gobiernos de Nueva York y de la ciudad de Nueva York no tienen en cuenta a los veteranos que participaron en los acontecimientos relacionados con los ataques de 9/11 quienes, a diferencia de O´Neill, tuvieron la suerte de sobrevivir el catastrófico ataque. Sobrevivientes del desplome del “World Trade Center” y los hombres del Departamento de Policía de Nueva York, que dieron la primera respuesta a los acontecimientos y de la Policía Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey, del Departamento de Bomberos de Nueva York y otros, no fueron invitados a las ceremonias por el décimo aniversario a “Ground Zero” el 11 de septiembre de 2011.

Durante una década, los ataques del 9/11, junto a los que tuvieron lugar en Londres, Madrid, Bali y otros lugares han sido utilizados por los medios corporativos para apoyar las campañas del gobierno contra las libertades civiles, los derechos humanos, la protección de la privacidad, las guerras de liberación por grupos étnicos y partidos políticos, y la libertad de información. Estadounidenses de todas las edades y orígenes sociales ahora son sometidos a molestos registros corporales en los aeropuertos que hubieran sido considerados como atroces abusos por parte de las autoridades unos quince años atrás.

Al reconsiderar los acontecimientos del 11 de septiembre, nos dicen que Bin Laden fue aniquilado en un asalto de Operaciones Especiales en Abbotabad, Paquistan. Hubo muy poca evidencia forense para probar que fue Bin Laden el muerto. En cualquier caso, la mayoría de los miembros del Equipo 6, de los SEAL de la Marina de EE. UU. que llevó a cabo el ataque contra Bin Laden murieron recientemente en un ataque contra su helicóptero en Afganistán.

Al igual que en el asesinato del Presidente Kennedy y del escándalo Irán-Contras veinte años más tarde, el 11 de septiembre quedará relegado a los libros de historia como un acontecimiento envuelto en el misterio y escaso de evidencias reales, mucha de la cual fue destruida o quedó clasificada, que impide descubrir sus verdaderos autores.


 
11/S: La última victoria de la Estrategia de la Tensión

Después de usar durante años la muy fascista «estrategia de la tensión» en Europa occidental, en el Medio Oriente, en África y América Latina, los neo-conservadores que dirigían la administración Bush la víspera del 11 de septiembre de 2001, estaban seguros de que el último acto planeado para destruir los edificios del «World Trade Center» de Nueva York, bombardear el Pentágono, además de destruir un objetivo aún desconocido con el vuelo United Flight 93 —avión que fue derribado por cazas interceptores de la Fuerza Aérea de EE. UU. sobre Pennsylvania—traería consigo el cambio previsto por ellos.

Lo que provocó la conspiración neo-conservadora, a través de sus medios de propaganda como Fox News [canal de televisión] y The Washington Post [diario], después de su esperado «Nuevo Pearl Harbor», fue lo que llaman en ingles «New Normal» o nuevo estatus normal de los Estados Unidos, la imposición de-facto de una dictadura secreta y fascista que cambió la Constitución de ese país y el estado de derecho, el comienzo de un«choque de civilizaciones», el enfrentamiento final entre el Islam y el Judeo-Cristianismo. El «Armagedón» geo-socio-político ansiado por filósofos neo-fascistas como los profesores Samuel Huntington y Bernard Lewis constituiría la batalla final que atestiguaría la caída de los gobiernos y regímenes islámicos desde Marruecos hasta Indonesia, y el triunfo de la «civilización occidental».

En realidad, la «civilización occidental» es el código para designar los dos pilares gemelos que son el militarismo y el sionismo apoyados por el capitalismo.

La «estrategia de la tensión» utilizada por las redes secretas de la OTAN en Europa desde los años 60 hasta el presente es definida por el profesor suizo de historia contemporánea Daniele Ganser como el método mediante el cual «las potencias mundiales dividen, manipulan y controlan la opinión pública a través del miedo, la propaganda, la desinformación, la guerra sicológica, con agentes provocadores y las operaciones terroristas encubiertas» para conseguir sus objetivos finales.

Los ataques encubiertos del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Virginia lograron preparar la escena para llevar a cabo los planes de desinformación, guerra sicológica y una campaña propagandística que, diez años después del 11 de septiembre son definidos por los medios corporativos como sucesos que «cambiaron el mundo». Incluso la fecha, 11 de septiembre, fue escogida como elemento de guerra sicológica; recordemos que 911 es el número de urgencia que se utiliza en los EE. UU. para pedir ayuda de las fuerzas del orden y otras instancias que brindan servicios de emergencia.

El «Tele-screen» [en la novela] de George Orwell, que es el medio por el cual «Big Brother» consigue mantener el control de la opinión pública al exagerar amenazas no existentes contra la seguridad ciudadana, se convirtió en una realidad minutos después de los ataques del 11 de septiembre cuando los canales informativos, que parecían todos estar pre-programados para el suceso de terror, comenzaron a inculcar el miedo en las mentes de los estadounidenses y de los pobladores del mundo. Meses después de los acontecimientos, cualquier persona que cuestionara la versión oficial era calificado como un«teórico conspirador» desleal [enfermo conspiracionista paranoico].

Sin embargo, existían fehacientemente miles de elementos —y que fueron utilizados y presentados— por quienes cuestionaron la versión oficial del 11 de septiembre, que excluían las explicaciones dudosas del informe de la Comisión oficial y otros documentos del gobierno, incluyendo los del Comité de Inteligencia del Senado de los EE. UU. y del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST).

Los canales corporativos de noticias, encabezados por Fox News, crearon increíbles amenazas después del 11 de septiembre, incluyendo bombas que podía explotar dentro de animales como las vacas, hombres ranas que se aproximaban a las costas norteamericanas, miembros de Al Qaeda que podía atacar centros comerciales en los Estados Unidos, y terroristas árabes que se infiltraban en rutas utilizadas por el tráfico automóvil desde México. Todas estas historias de terror no tenían sentido ni fundamento alguno.

Después de los ataques, mediante el correo postal, con Ántrax contra el Congreso y los medios, que conllevó a la aprobación inmediata por los parlamentarios del inconstitucional «Acta Patriótica», el fallido intento de un terrorista por derribar un avión que volaba de Paris a Miami, después de otro nigeriano que venía desde Ámsterdam hacia Detroit y que trató de detonar material explosivo dentro de su ropa interior, se condicionó al público para que aceptara cualquier cosa como amenaza potencial a la seguridad.

Nada se mencionó sobre el papel de Israel en los ataques con Ántrax y de los dos atentados fallidos. Los únicos arrestados por sospecha de haber estado involucrados en el 11 de septiembre fueron cinco empleados de Weehawken, la empresa de Nueva Jersey conocida como «Urban Moving Systems». Los agentes del FBI que visitaron los almacenes de la compañía en Weehawken no solamente encontraron materiales para construir explosivos, sino también trazas de Ántrax. Dominick Suter, propietario de la firma, apareció más tarde en una base de dato de contra-inteligencia conjunta del FBI y la CIA como agente del Mossad. Asimismo algunos de los israelíes «sospechosos» arrestados también aparecieron en la misma base de datos.

Los cinco israelíes arrestados fueron vistos mientras celebraban y filmaban los ataques contra las Torres Gemelas, minutos después del impacto del primer avión, desde un sitio ubicado en el Parque Liberty State, del otro lado del Río Hudson en la parte baja de Manhattan. Fue precisamente una compañía israelí de seguridad aérea, la ICTS International, repleta en su administración de ex agentes del Mossad y Shin Bet, la que coordinó las seguridad en los aeropuertos Charles de Gaulle de París y Schipol International de Amsterdam, donde Richard Reid, el terrorista que trató de tumbar el avión y Umar Farouk Abdulmutallab, el de la bomba en la ropa interior, trataron de llevar a cabo sus inexpertos atentados contra los vuelos 63 de la American Airlines y el 253 de la Northwest Airlines respectivamente. La ICTS también compartía responsabilidades de seguridad aérea en el aeropuerto Logan de Boston el 11 de septiembre de 2001, este fue el aeropuerto donde el vuelo número 11 de American Airlines fue supuestamente secuestrado por Mohammed Atta y conducido contra la Torre norte del «World Trade Center».

El concepto de «choque de civilizaciones» fue auspiciado por los neo-conservadores pero no incluyó mención alguna por parte de los medios corporativos manipulados [por los sionistas] sobre los múltiples vínculos de Israel con los ataques del 11 de septiembre. La existencia de diecinueve secuestradores árabes, 16 de ellos sauditas, fue lo que decía la versión oficial, sin que pudiera existir nada fuera de los límites de esta historia. Incluso, las declaraciones hechas por Benjamín Netanyahu y de Ehud Barak a la televisión de EE.UU. sobre que el 11 de septiembre beneficiaba a Israel fueron ignoradas por los medios. Aquellos que fueron lo suficientemente valientes al señalar los vínculos de Israel con el 11 de septiembre fueron intimidados al ser tildados de «antisemitas» (un recurso repetidísimo). Algunos medios corporativos que informaron sobre actividades sospechosas de inteligencia israelíes en los meses anteriores al 11 de septiembre fueron atacados en el Internet. Una serie de cuatro capítulos sobre la actividad israelí que lanzó la Fox News desapareció de repente del sitio web. Temas similares, como el que sigue más abajo, también se evaporó como si fuera éter:

«10-2-2001—Quince personas fueron arrestadas en Dallas bajo sospecha de realizar monitoreos de edificios federales. 11 News informó sobre personas que decían ser «estudiantes israelíes en artes» podrían estar tratando de infiltrarse en edificios federales y de defensa, e incluso de realizar algún tipo de vigilancia. En Dallas, los autoproclamados llamados aparecieron a principios de este años en los edificios del FBI, de la Agencia Anti-Drogas y en el Edificio Federal Earle Cabel, donde los custodios vieron un estudiante merodeando por los pasillos con un plano del lugar en su poder».

Osama bin Laden, acusado como autor de los ataques del 11 de septiembre, era un personaje que no estaba en los castings de Hollywood. Bin Laden inicialmente negó que tuviera que ver con los ataques. En una entrevista publicada el 28 de septiembre de 2001 por el periódico paquistaní Ummar Karachi, Bin Laden dijo: «Ya he dicho que no estoy involucrado en los ataques del 11 de septiembre en los EE. UU. Como musulmán, hago lo mejor por no decir mentiras. No tenía conocimiento sobre esos ataques, tampoco considero la muerte de mujeres y niños inocentes y otros seres humanos como un acto razonable». Incluso el director del FBI, Robert Mueller afirmó que «el FBI no tiene evidencia firme que vincule a Bin Laden con el 11 de septiembre».

Fueron pocos medios de prensa que informaron sobre los históricos vínculos de Bin Laden con los servicios de inteligencia de EE. UU.; relaciones que se mantuvieron hasta después del ataque en 1993 contra el «World Trade Center».

De acuerdo con documentos clasificados de la inteligencia francesa, Al Qaeda y Bin Laden estuvieron bajo el control operativo de los EE.UU. y de los «servicios secretos» británicos hasta 1995, dos años completos después del ataque con bomba contra el «World Trade Center». En 1996, el Departamento de Estado de los EE. UU. continuó rechazando acusar a Al Qaeda como una organización terrorista. Las viejas relaciones de Bin Laden con la CIA pudieron haber sellado su destino. Como sucedió con otros que trabajaron para la CIA y después fueron desechados como pura basura, incluyendo a Manuel Noriega (Panamá), Saddam Hussein (Irak) y Muammar Gaddafi (Libia), Osama bin Laden pudo haber sido utilizado como señuelo por los que perpetraron los ataques del 11 de septiembre, precisamente los que buscaban culpar a los árabes y musulmanes como parte de sus «importantes esquemas» del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano que deseaba un «nuevo Pearl Harbor», los que ansiaban «el choque de las civilizaciones» entre el Judeo-Cristianismo y el Islam, y también los que buscaban un estrategia de tensiones continuada para lograr sus objetivos. La estrategia de la tensión no terminaría con los ataques del 11 de septiembre, y más, se repetiría en años siguientes en Madrid, Londres, Bali, Beslan, Yakarta, Estambul, Casablanca, Mumbai y Oslo.

Los verdaderos arquitectos del 11 de septiembre aún están sueltos y continúan con su campaña de la estrategia de la tensión. El 11 de septiembre de 2011, muchos de los verdaderos ejecutores han estado reunidos en el sitio conocido como «Ground Zero» de Nueva York, para honrar públicamente [e hipócritamente] a aquellos que murieron en los ataques hace diez años, pero seguro que celebrarían en privado sus logros y conquistas en esta década transcurrida.

Los medios de prensa corporativos y comerciales continuarán propagando el mito del 11 de septiembre, y esperan que el público continúe aceptando la versión oficial de los hechos.




en Red Voltaire, septiembre 2011












lunes, septiembre 19, 2011

Acta de Instalación de la Excelentísima Junta Gubernativa del Reino, o Acta del Cabildo de Santiago, 18 de septiembre 1810





En la muy noble ciudad de Santiago de Chile, a diez y ocho días del mes de Septiembre del año de mil ochocientos diez, el Muy Ilustre Señor Presidente y señores de su Cabildo congregados con todos los jefes de todas las corporaciones, prelados de las comunidades religiosas y vecindario noble de la capital en la sala del Real Consulado, dijeron: que siendo el principal objeto del Gobierno y del Cuerpo representante de la patria, el orden, quietud y tranquilidad pública, perturbada notablemente en medio de la incertidumbre acerca de las noticias de la metrópoli, que producían una divergencia peligrosa en las opiniones de los ciudadanos; se había adoptado el partido de conciliarlas a un punto de unidad convocándolos al majestuoso congreso en que se hallaban reunidos para consultar la mejor defensa del reino y sosiego común, conforme a lo acordado; y teniendo a la vista el decreto de treinta de Abril expedido por el Supremo Consejo de Regencia en que se niega toda provisión en materias de gracia y justicia, quedando sólo expedito su despacho en las de guerra; con consideración a que la misma Regencia con su manifiesto de catorce de Febrero último, ha remitido el de la instalación de la Junta de Cádiz, advirtiendo a las Américas que ésta podrá servir de modelo a los pueblos que quieran elegirse un Gobierno representativo digno de su confianza, y proponiéndose que toda la discordia de la capital provenía del deseo de tal establecimiento con el fin de que se examinase y decidiese por todo el congreso la legitimidad de este negocio; oído el Procurador General, que con la mayor energía expuso las decisiones legales y que a este pueblo asistían las mismas prerrogativas y derechos que a los de España para fijar un Gobierno igual, especialmente cuando no menos que aquellos se halla amenazado de enemigos y de las intrigas que hacen más peligrosa la distancia, necesitado a precaverlas y preparar su mejor defensa; con cuyos antecedentes, penetrado el Muy Ilustre Señor Presidente de los propios conocimientos, y a ejemplo de lo que hizo el señor Gobernador de Cádiz, depositó toda su autoridad en el pueblo para que acordase el Gobierno más digno de su confianza y más a propósito a la observancia de las leyes y conservación de estos dominios a su legítimo dueño y desgraciado monarca, el señor don Fernando Séptimo, en este solemne acto, todos los prelados, jefes y vecinos, tributándole las más expresivas gracias por aquel magnánimo desprendimiento, aclamaron con la mayor efusión de su alegría y armoniosa uniformidad que se estableciese una Junta, presidida del mismo señor Conde de la Conquista, en manifestación de la gratitud que merecía a este generoso pueblo, que teniéndole a su frente se promete el Gobierno más feliz, la paz inalterable y la seguridad permanente del reino, resolvieron que se agregasen seis vocales interinos mientras se convocaban y llegaban los diputados de todas las provincias de Chile, para organizar la que debía regir en lo sucesivo; y procediendo a la elección de éstos, propuestos, en primer lugar, el ilustrísimo señor don José Antonio Martínez de Aldunate, se aceptó con universal aprobación del congreso; sucedió lo mismo con el segundo vocal, el señor don Fernando Márquez de la Plata, del Supremo Consejo de la Nación; con el tercero, Doctor don Juan Martínez de Rosas, y cuarto vocal, el señor Coronel don Ignacio de la Carrera, admitidos con los mismos vivas y aclamaciones, sin que discrepase uno de más de cuatrocientos cincuenta vocales. Y procediendo luego a la elección por cédulas secretas de los dos miembros que debían completar la Junta (porque se advirtió alguna diferencia en los dictámenes) resultó la pluralidad por el señor Coronel don Francisco Javier de Reina y Maestre de Campo don Juan Enrique Rosales, que, manifestados al público, fueron recibidos con singular regocijo: con el que celebró todo el congreso la elección de dos secretarios en los doctores don José Gaspar Marín y don José Gregorio de Argomedo, que por su notoria literatura, honor y probidad se han adquirido toda la satisfacción del pueblo. Se concedió a los secretarios el voto informativo, acordándose que el mismo escribano de Gobierno lo fuese de la Junta. Se concluyeron y proclamaron las elecciones, fueron llamados los electos, y habiendo prestado el juramento de usar fielmente su ministerio, defender al reino hasta con la última gota de su sangre, conservarlo al señor don Fernando Séptimo y reconocer al Supremo Consejo de Regencia, fueron puestos en posesión de sus empleos, declarando el Ayuntamiento, prelados, jefes y vecinos el tratamiento de Excelencia que debía corresponder a aquella Corporación, y a su Presidente en particular, como a cada Vocal el de Señoría; la facultad de proveer los empleos vacantes y que vacaren, y las demás que dictase la necesidad de no poderse ocurrir a la soberanía nacional. Todos los cuerpos militares, jefes, prelados, religiosos y vecinos juraron en el mismo acto obediencia y fidelidad a dicha junta instalada así en nombre del señor don Fernando Séptimo, a quien estará siempre sujeta, conservando las autoridades constituidas y empleados en sus respectivos destinos; y habiéndose pasado oficio al tribunal de la Real Audiencia para que prestase el mismo reconocimiento el día de mañana, diez y nueve del corriente, (por haberse concluido las diligencias relacionadas a la hora intempestiva de las tres de la tarde) resolvieron dichos señores se extendiese esta acta y publicase en forma de bando solemne, se fijase para mayor notoriedad en los lugares acostumbrados y se circulasen testimonios con los respectivos oficios a todas las ciudades y villas del reino. Así lo acordaron y firmaron, de que doy fe. José Miguel Infante. Procurador General.









18 de septiembre, 1810








domingo, septiembre 18, 2011

“Dejamos caer el mar”, de Diego Maquieira







Volábamos con el mar arriba de los Harrier
volábamos a devolvérselo al desierto
después de dos milenios de sed
y de alucinaciones de pesadilla:
Demonio tentando Jesús con infierno
Jesús tentando demonio con paraíso
Ma sacábamos el mar atado como un estruendo
y lo subimos en hamacas a los Harrier
Veníamos muy cargados haciendo mandas
Joder
Íbamos con Fitzcarraldo amarrado a los flaperones
con Debernardis de capellán de la flotilla
y con Lupo chupando atrás en los asientos
a cargo del primer amanecer en el cielo
íbamos como moiseses congojosos
infinitamente descobijados de dulzura
Así de pesados íbamos subiendo el agua
hasta que soltamos el mar sobre el desierto
y les nublamos la bola a los aladinos
milenaristas que querían otra vez
abrirnos el mar y secarnos por adentro.




en Los Sea Harrier, 1984














sábado, septiembre 17, 2011

"El poema", de Homero Aridjis




a Octavio Paz

El poema gira sobre la cabeza de un hombre
en círculos ya próximos ya alejados

El hombre al descubrirlo trata de poseerlo
pero el poema desaparece

Con lo que el hombre puede asir
hace el poema

Lo que se le escapa
pertenece a los hombres futuros






en Quemar las naves, 1975








viernes, septiembre 16, 2011

“La intolerable unión de los despojos”, de Humberto Díaz Casanueva






Decías
¡Entre!
Pero nadie entraba
Pero un remolino de música
consumía el espacio
y quedábamos atónitos
sosteniendo
la cúpula encendida de
otro mundo

Ahora el fantasma tiene aberturas
de boca
y nada dice
Nadie dice nada
Las cosas se apagan
lentamente
En tu feroz mordaza
quedan palabras quedan
besos

Nadie dice nada
porque nada tiene sentido
Lo irrevocable
es una verdad vacía
que nos acecha
sin razón verdadera

Al contemplarte
nos contemplamos
petrificados
¡vivos!

¡Oh forma! ¡Oh crepitación
de la forma
que nos liberta de la nada
al mismo tiempo que a ella
nos conduce!

Te recuerdo
como un caballo espumoso
tascando
el freno de la muerte
Como un cíclope
luchando con una pared
cornuda
Tierno
cazando una estrella
perdida
en tu cuerpo
Humilde
cuidando una paloma
coja
Iracundo
ante la mesa vacía del pobre

Te has juntado
contigo mismo?
Y de qué te vale
el cumplimiento de una
soledad
más vasta?
Allí
no sé dónde
tallando con tus dientes
un bosque de marfil
sin intención verdadera?
Sólo abundabas en tu
prójimo




en El sol ciego, 1966

















jueves, septiembre 15, 2011

"El guardagujas", de Juan José Arreola






El forastero llegó sin aliento a la estación desierta. Su gran valija, que nadie quiso cargar, le había fatigado en extremo. Se enjugó el rostro con un pañuelo, y con la mano en visera miró los rieles que se perdían en el horizonte. Desalentado y pensativo consultó su reloj: la hora justa en que el tren debía partir.

Alguien, salido de quién sabe dónde, le dio una palmada muy suave. Al volverse el forastero se halló ante un viejecillo de vago aspecto ferrocarrilero. Llevaba en la mano una linterna roja, pero tan pequeña, que parecía de juguete. Miró sonriendo al viajero, que le preguntó con ansiedad:
-Usted perdone, ¿ha salido ya el tren?
-¿Lleva usted poco tiempo en este país?
-Necesito salir inmediatamente. Debo hallarme en T. mañana mismo.
-Se ve que usted ignora las cosas por completo. Lo que debe hacer ahora mismo es buscar alojamiento en la fonda para viajeros -y señaló un extraño edificio ceniciento que más bien parecía un presidio.
-Pero yo no quiero alojarme, sino salir en el tren.
-Alquile usted un cuarto inmediatamente, si es que lo hay. En caso de que pueda conseguirlo, contrátelo por mes, le resultará más barato y recibirá mejor atención.
-¿Está usted loco? Yo debo llegar a T. mañana mismo.
-Francamente, debería abandonarlo a su suerte. Sin embargo, le daré unos informes.
-Por favor...
-Este país es famoso por sus ferrocarriles, como usted sabe. Hasta ahora no ha sido posible organizarlos debidamente, pero se han hecho grandes cosas en lo que se refiere a la publicación de itinerarios y a la expedición de boletos. Las guías ferroviarias abarcan y enlazan todas las poblaciones de la nación; se expenden boletos hasta para las aldeas más pequeñas y remotas. Falta solamente que los convoyes cumplan las indicaciones contenidas en las guías y que pasen efectivamente por las estaciones. Los habitantes del país así lo esperan; mientras tanto, aceptan las irregularidades del servicio y su patriotismo les impide cualquier manifestación de desagrado.
-Pero, ¿hay un tren que pasa por esta ciudad?
-Afirmarlo equivaldría a cometer una inexactitud. Como usted puede darse cuenta, los rieles existen, aunque un tanto averiados. En algunas poblaciones están sencillamente indicados en el suelo mediante dos rayas. Dadas las condiciones actuales, ningún tren tiene la obligación de pasar por aquí, pero nada impide que eso pueda suceder. Yo he visto pasar muchos trenes en mi vida y conocí algunos viajeros que pudieron abordarlos. Si usted espera convenientemente, tal vez yo mismo tenga el honor de ayudarle a subir a un hermoso y confortable vagón.
-¿Me llevará ese tren a T.?
-¿Y por qué se empeña usted en que ha de ser precisamente a T.? Debería darse por satisfecho si pudiera abordarlo. Una vez en el tren, su vida tomará efectivamente un rumbo. ¿Qué importa si ese rumbo no es el de T.?
-Es que yo tengo un boleto en regla para ir a T. Lógicamente, debo ser conducido a ese lugar, ¿no es así?
-Cualquiera diría que usted tiene razón. En la fonda para viajeros podrá usted hablar con personas que han tomado sus precauciones, adquiriendo grandes cantidades de boletos. Por regla general, las gentes previsoras compran pasajes para todos los puntos del país. Hay quien ha gastado en boletos una verdadera fortuna...
-Yo creí que para ir a T. me bastaba un boleto. Mírelo usted...
-El próximo tramo de los ferrocarriles nacionales va a ser construido con el dinero de una sola persona que acaba de gastar su inmenso capital en pasajes de ida y vuelta para un trayecto ferroviario, cuyos planos, que incluyen extensos túneles y puentes, ni siquiera han sido aprobados por los ingenieros de la empresa.
-Pero el tren que pasa por T., ¿ya se encuentra en servicio?
-Y no sólo ése. En realidad, hay muchísimos trenes en la nación, y los viajeros pueden utilizarlos con relativa frecuencia, pero tomando en cuenta que no se trata de un servicio formal y definitivo. En otras palabras, al subir a un tren, nadie espera ser conducido al sitio que desea.
-¿Cómo es eso?
-En su afán de servir a los ciudadanos, la empresa debe recurrir a ciertas medidas desesperadas. Hace circular trenes por lugares intransitables. Esos convoyes expedicionarios emplean a veces varios años en su trayecto, y la vida de los viajeros sufre algunas transformaciones importantes. Los fallecimientos no son raros en tales casos, pero la empresa, que todo lo ha previsto, añade a esos trenes un vagón capilla ardiente y un vagón cementerio. Es motivo de orgullo para los conductores depositar el cadáver de un viajero lujosamente embalsamado en los andenes de la estación que prescribe su boleto. En ocasiones, estos trenes forzados recorren trayectos en que falta uno de los rieles. Todo un lado de los vagones se estremece lamentablemente con los golpes que dan las ruedas sobre los durmientes. Los viajeros de primera -es otra de las previsiones de la empresa- se colocan del lado en que hay riel. Los de segunda padecen los golpes con resignación. Pero hay otros tramos en que faltan ambos rieles, allí los viajeros sufren por igual, hasta que el tren queda totalmente destruido.
-¡Santo Dios!
-Mire usted: la aldea de F. surgió a causa de uno de esos accidentes. El tren fue a dar en un terreno impracticable. Lijadas por la arena, las ruedas se gastaron hasta los ejes. Los viajeros pasaron tanto tiempo, que de las obligadas conversaciones triviales surgieron amistades estrechas. Algunas de esas amistades se transformaron pronto en idilios, y el resultado ha sido F., una aldea progresista llena de niños traviesos que juegan con los vestigios enmohecidos del tren.
-¡Dios mío, yo no estoy hecho para tales aventuras!
-Necesita usted ir templando su ánimo; tal vez llegue usted a convertirse en héroe. No crea que faltan ocasiones para que los viajeros demuestren su valor y sus capacidades de sacrificio. Recientemente, doscientos pasajeros anónimos escribieron una de las páginas más gloriosas en nuestros anales ferroviarios. Sucede que en un viaje de prueba, el maquinista advirtió a tiempo una grave omisión de los constructores de la línea. En la ruta faltaba el puente que debía salvar un abismo. Pues bien, el maquinista, en vez de poner marcha atrás, arengó a los pasajeros y obtuvo de ellos el esfuerzo necesario para seguir adelante. Bajo su enérgica dirección, el tren fue desarmado pieza por pieza y conducido en hombros al otro lado del abismo, que todavía reservaba la sorpresa de contener en su fondo un río caudaloso. El resultado de la hazaña fue tan satisfactorio que la empresa renunció definitivamente a la construcción del puente, conformándose con hacer un atractivo descuento en las tarifas de los pasajeros que se atreven a afrontar esa molestia suplementaria.
-¡Pero yo debo llegar a T. mañana mismo!
-¡Muy bien! Me gusta que no abandone usted su proyecto. Se ve que es usted un hombre de convicciones. Alójese por lo pronto en la fonda y tome el primer tren que pase. Trate de hacerlo cuando menos; mil personas estarán para impedírselo. Al llegar un convoy, los viajeros, irritados por una espera demasiado larga, salen de la fonda en tumulto para invadir ruidosamente la estación. Muchas veces provocan accidentes con su increíble falta de cortesía y de prudencia. En vez de subir ordenadamente se dedican a aplastarse unos a otros; por lo menos, se impiden para siempre el abordaje, y el tren se va dejándolos amotinados en los andenes de la estación. Los viajeros, agotados y furiosos, maldicen su falta de educación, y pasan mucho tiempo insultándose y dándose de golpes.
-¿Y la policía no interviene?
-Se ha intentado organizar un cuerpo de policía en cada estación, pero la imprevisible llegada de los trenes hacía tal servicio inútil y sumamente costoso. Además, los miembros de ese cuerpo demostraron muy pronto su venalidad, dedicándose a proteger la salida exclusiva de pasajeros adinerados que les daban a cambio de esa ayuda todo lo que llevaban encima. Se resolvió entonces el establecimiento de un tipo especial de escuelas, donde los futuros viajeros reciben lecciones de urbanidad y un entrenamiento adecuado. Allí se les enseña la manera correcta de abordar un convoy, aunque esté en movimiento y a gran velocidad. También se les proporciona una especie de armadura para evitar que los demás pasajeros les rompan las costillas.
-Pero una vez en el tren, ¿está uno a cubierto de nuevas contingencias?
-Relativamente. Sólo le recomiendo que se fije muy bien en las estaciones. Podría darse el caso de que creyera haber llegado a T., y sólo fuese una ilusión. Para regular la vida a bordo de los vagones demasiado repletos, la empresa se ve obligada a echar mano de ciertos expedientes. Hay estaciones que son pura apariencia: han sido construidas en plena selva y llevan el nombre de alguna ciudad importante. Pero basta poner un poco de atención para descubrir el engaño. Son como las decoraciones del teatro, y las personas que figuran en ellas están llenas de aserrín. Esos muñecos revelan fácilmente los estragos de la intemperie, pero son a veces una perfecta imagen de la realidad: llevan en el rostro las señales de un cansancio infinito.
-Por fortuna, T. no se halla muy lejos de aquí.
-Pero carecemos por el momento de trenes directos. Sin embargo, no debe excluirse la posibilidad de que usted llegue mañana mismo, tal como desea. La organización de los ferrocarriles, aunque deficiente, no excluye la posibilidad de un viaje sin escalas. Vea usted, hay personas que ni siquiera se han dado cuenta de lo que pasa. Compran un boleto para ir a T. Viene un tren, suben, y al día siguiente oyen que el conductor anuncia: "Hemos llegado a T.". Sin tomar precaución alguna, los viajeros descienden y se hallan efectivamente en T.
-¿Podría yo hacer alguna cosa para facilitar ese resultado?
-Claro que puede usted. Lo que no se sabe es si le servirá de algo. Inténtelo de todas maneras. Suba usted al tren con la idea fija de que va a llegar a T. No trate a ninguno de los pasajeros. Podrán desilusionarlo con sus historias de viaje, y hasta denunciarlo a las autoridades.
-¿Qué está usted diciendo?
-En virtud del estado actual de las cosas los trenes viajan llenos de espías. Estos espías, voluntarios en su mayor parte, dedican su vida a fomentar el espíritu constructivo de la empresa. A veces uno no sabe lo que dice y habla sólo por hablar. Pero ellos se dan cuenta en seguida de todos los sentidos que puede tener una frase, por sencilla que sea. Del comentario más inocente saben sacar una opinión culpable. Si usted llegara a cometer la menor imprudencia, sería aprehendido sin más, pasaría el resto de su vida en un vagón cárcel o le obligarían a descender en una falsa estación perdida en la selva. Viaje usted lleno de fe, consuma la menor cantidad posible de alimentos y no ponga los pies en el andén antes de que vea en T. alguna cara conocida.
-Pero yo no conozco en T. a ninguna persona.
-En ese caso redoble usted sus precauciones. Tendrá, se lo aseguro, muchas tentaciones en el camino. Si mira usted por las ventanillas, está expuesto a caer en la trampa de un espejismo. Las ventanillas están provistas de ingeniosos dispositivos que crean toda clase de ilusiones en el ánimo de los pasajeros. No hace falta ser débil para caer en ellas. Ciertos aparatos, operados desde la locomotora, hacen creer, por el ruido y los movimientos, que el tren está en marcha. Sin embargo, el tren permanece detenido semanas enteras, mientras los viajeros ven pasar cautivadores paisajes a través de los cristales.
-¿Y eso qué objeto tiene?
-Todo esto lo hace la empresa con el sano propósito de disminuir la ansiedad de los viajeros y de anular en todo lo posible las sensaciones de traslado. Se aspira a que un día se entreguen plenamente al azar, en manos de una empresa omnipotente, y que ya no les importe saber adónde van ni de dónde vienen.
-Y usted, ¿ha viajado mucho en los trenes?
-Yo, señor, sólo soy guardagujas*. A decir verdad, soy un guardagujas jubilado, y sólo aparezco aquí de vez en cuando para recordar los buenos tiempos. No he viajado nunca, ni tengo ganas de hacerlo. Pero los viajeros me cuentan historias. Sé que los trenes han creado muchas poblaciones además de la aldea de F., cuyo origen le he referido. Ocurre a veces que los tripulantes de un tren reciben órdenes misteriosas. Invitan a los pasajeros a que desciendan de los vagones, generalmente con el pretexto de que admiren las bellezas de un determinado lugar. Se les habla de grutas, de cataratas o de ruinas célebres: "Quince minutos para que admiren ustedes la gruta tal o cual", dice amablemente el conductor. Una vez que los viajeros se hallan a cierta distancia, el tren escapa a todo vapor.
-¿Y los viajeros?
-Vagan desconcertados de un sitio a otro durante algún tiempo, pero acaban por congregarse y se establecen en colonia. Estas paradas intempestivas se hacen en lugares adecuados, muy lejos de toda civilización y con riquezas naturales suficientes. Allí se abandonan lotes selectos, de gente joven, y sobre todo con mujeres abundantes. ¿No le gustaría a usted pasar sus últimos días en un pintoresco lugar desconocido, en compañía de una muchachita?

El viejecillo sonriente hizo un guiño y se quedó mirando al viajero, lleno de bondad y de picardía. En ese momento se oyó un silbido lejano. El guardagujas dio un brinco, y se puso a hacer señales ridículas y desordenadas con su linterna.

-¿Es el tren? -preguntó el forastero.

El anciano echó a correr por la vía, desaforadamente. Cuando estuvo a cierta distancia, se volvió para gritar:
-¡Tiene usted suerte! Mañana llegará a su famosa estación. ¿Cómo dice que se llama?
-¡X! -contestó el viajero.

En ese momento el viejecillo se disolvió en la clara mañana. Pero el punto rojo de la linterna siguió corriendo y saltando entre los rieles, imprudente, al encuentro del tren.
Al fondo del paisaje, la locomotora se acercaba como un ruidoso advenimiento.






en Confabulario, 1952








* Guardagujas: Empleado encargado del manejo de las agujas de una vía férrea.







miércoles, septiembre 14, 2011

"Doce* ", de Aleksandr Blok

Tres Poemas con alusión a Cristo (3)





1

Tarde oscura.
Nieve blanca.
¡Hace viento, mucho viento!
Nadie se sostiene en pie.
¡Viento, viento!
¡Sobre todo el santo mundo!

El viento riza
La nieve blanca.
Bajo la nieve – el hielo.
Resbaladizo. ¡Qué penoso!
Resbalan todos –
¡Ah, pobrecitos!

De un edificio a otro
Una cuerda tendida.
En la cuerda, un cartel:
«¡Todo el poder a la Asamblea Constituyente!»
Una pobre vieja se lamenta y llora,
No comprende qué quiere esto decir –
¿Por qué ese cartel?
¿Ese tremendo lienzo?
¡Cuántas calcetas salen de allí para los niños!
Hay tantos que van con poca ropa y descalzos…

La vieja, como una gallina,
Salta apenas un montón de nieve.
– ¡Oh! ¡Madre Santa, Patrona!
– ¡Oh! ¡Los bolcheviques me echarán a la tumba!

¡El viento muerde!
¡No para el hielo!
Y el burgués en la encrucijada
Esconde la nariz en las solapas.

¿Y este de pelo largo? – ¿Quién es?
Murmura algo entre dientes:
– ¡Traidores!
– ¡La perdición de Rusia!
Debe ser un escritor –
Un charlatán…

Y aquí hay otro, en sotana,
Que pasa furtivo en la nevazón…
¿No estás contento estos días,
Camarada pope?

¿Te acuerdas como antes ibas
Con la panza adelante,
Y que con la cruz esa panza
al pueblo lanzaba rayos?..

Y aquí va una señorita en piel de astracán,
Va apretujándose a otra dama:
– Cuánto hemos llorado, llorado…
La señorita resbala,
Y –¡plaf!– ¡tiradita en el suelo!

¡Ay, ay!
¡Tira, levántala!

El viento está dichoso.
Malo y contento.
Enrosca los faldones,
Doblega a los que pasan.
Arranca, desgarra y se lleva
El grandísimo cartel:
«¡Todo el poder a la Asamblea Constituyente!..»
El viento trae unas palabras:

…También nosotros tuvimos una asamblea…
…Aquí en este edificio…
…Debatimos –
Resolvimos:
Por una hora – diez rublos, una noche – venticinco…
…Y no aceptar menos de nadie…
…Vámonos a dormir…

Tarde en la noche.
La calle está desierta.
Solo un vagabundo
Que camina encorvado,
Y el viento silba…

¡Ey! ¡Tú, el pobre!
Acércate –
Abracémonos…

¡Pan!
¿Y luego qué?
¡Largo!

Cielo negro, muy negro.

Rencor, un triste rencor
Hierve en el pecho…
Negro rencor, santo rencor…

¡Camarada! ¡Mantén tus ojos
Bien abiertos!



2

El viento retoza, revolotea la nieve.
Doce hombres pasan marchando.

Fusiles con correas negras…
Fuegos, fuegos, fogatas, por todas partes…

Un pucho entre los dientes, la gorra aplastada,
¡Lo único que falta es la camisa a rayas!

¡Libertad, libertad,
Sin la cruz, ya, ya!

¡Rat-a-ta-ta!

¡Hace frío, camaradas, mucho frío!

– Vañka y Katia en el cabaret…
– ¡Ella con rublos de Kerensky entre las medias!

– Vaniushka está hecho un ricachón…
– ¡Era de los nuestros, ahora es soldado!

– ¡Eh!, Vañka, burgués, hijo de perra,
¡Prueba meterte con la mía!

¡Libertad, libertad,
Sin la cruz, ya, ya!
Katka está ocupada con Vañka –
¿En que está ocupada, en qué?..

¡Rat-a-ta-ta!

Fuegos, fuegos, fogatas, por todas partes…
Las correas de los fusiles en los hombros…

¡Con firme paso revolucionario!
¡El incansable enemigo no duerme!

¡Camarada, agarra el fusil, sin miedo!
¡A la Santa Rusia metámosle un balazo!

¡A la mazacotuda,
A la Rusia de las isbas,
A la muy culona!

¡Ya, ya, sin la cruz!



3

Nuestros muchachos han partido
A servir en la Guardia Roja –
A servir en la Guardia Roja –
¡A ofrecer sus cabezas locas!

¡Oh tú, dolor amargo,
Dulce existencia!
¡Con un abrigo andrajoso
Y un fusil austríaco!

Para desgracia de todos los burgueses
Un incendio mundial provocaremos,
Un incendio mundial lleno de sangre –
¡Que el Señor nos bendiga!



4

La nieve en remolino, el cochero grita,
Vañka y Katka se largan volando –
Unos farolitos eléctricos
En las varas del coche…
¡Ay, ay! ¡Abran paso!..

Con su capote de soldado
Y su facha de imbécil,
Tuerce, tuerce sus mostachos negros,
Enroscando, enroscando,
Bromeando, bromeando…

Miren a Vañka – ¡qué hombros!
Miren a Vañka – ¡qué labia!
Abraza a la tonta de Katka,
La vuelve loca con su cháchara…

Katia con la cara trastornada,
Sus dientes brillan como perlas…
¡Oh Katia, mi Katia!
Esa boquita carnosa…



5

En tu cuello, Katia,
La herida de cuchillo no se ha curado.
Bajo tu pecho, Katia,
¡El arañazo está fresco!

¡Eh, eh, ponte a bailar!
¡Qué piececitos tan lindos!

En calzones con encajes se paseaba –
¡Paséate ahora, paséate!
Con los oficiales follaba –
¡Folla ahora, folla!

¡Ah, sí, ponte a follar!
¡Cómo bate el corazón!

Recuerda, Katia, ese oficial –
No se escapó él del cuchillo…
¿Acaso ya no te acuerdas, arpía?
¿No tienes la memoria fresca?

¡Ah, ah, refréscala,
Llévala a la cama contigo!

Botines grises siempre lucías,
Chocolate Mignon engullías,
Con los cadetes ibas de juerga –
¿Con la soldadesca te vas ahora?

¡Ah, ah, vuelve a pecar!
¡Tu alma se aliviará!



6

…De nuevo el coche a todo galope,
Vuela, grita, ruge el cochero…

¡Para, para! ¡Andriukha, ayúdame!
¡Petrukha, corre por detrás!..

¡Rat-a-ta-ta ra-ta-ta ta-ta-ta!
¡Polvo de nieve en remolino al cielo!..

…El cochero y Vañka están huyendo…
¡Dale otra vez! ¡Amartilla tu fusil!..

¡Rat-a-ta-ta! ¡Ahora vas a saber,
……………………......
Lo que es meterse con la chica de otro!..

¡Se escapó el infame! ¡Espera no más!
¡Mañana ajusto cuentas contigo!

¿Y Katka, dónde está? – ¡Está muerta, muerta!
¡La cabeza atravesada por un balazo!

¿Contenta ahora, Katka? – No dices ni pío…
¡Quédate allí, carroña, sobre la nieve!..

¡Con firme paso revolucionario!
¡El incansable enemigo no duerme!



7

Y nuevamente los doce marchan,
Sus fusiles colgando de los hombros.
Solo del infeliz asesino,
La cara no se puede ver…

Cada vez más rápido y más rápido,
Apura y apura él la marcha.
Se ha enrollado un pañuelo en el cuello –
Y nada…, no se puede recobrar…

– ¿Qué pasa, camarada, no estás contento?
– Viejo, ¿por qué tan pasmado?
– Eh, Petrukha, esa cabeza gacha,
¿Será acaso pena por la Katka?

– ¡Ah! queridos camaradas,
Yo amaba a esta chica…
Noches negras, de borrachera,
Con esta mina las pasé…

– Todo por el descaro pícaro
De sus ojos fogosos,
Por esa marca encarnada
En su hombro derecho,
La destruí yo, el muy necio,
La destruí en mi arrebato… ¡ay!

– Anda, canalla, para de lloriquear,
¿O acaso eres, Pietka, una mujercita?
– ¿Justo ahora se te ocurre
Poner tu alma al revés? ¡Anda!
– ¡Vamos! ¡Ponte derecho!
– ¡Ánimo! ¡Déjate de tontear!

– ¡No es este un buen momento
Para que te hagamos de niñeras!
¡Que esto se nos pondrá pesado,
Muy pronto, querido camarada!

Y Petrukha ya retarda
Sus pasos apresurados…

Ya levanta la cabeza,
Ya de nuevo está contento…

¡Eh, eh!
¡No es pecado divertirse un poco!

¡Cierren todas las puertas,
Que hoy habrá pillaje!

Abran todas las bodegas –
¡Que hoy la chusma va de juerga!



8

¡Oh tú, pena-amarga pena!
Aburrido aburrimiento,
¡Mortal!

Y ya en un tiempecito
Pasaré, pasaré…

Y una cabecita
Rasparé, rasparé…

Y unas bolitas
Reventaré, reventaré…

Y con un cuchillito
¡Tajaré, tajaré!..

¡Vuela ya, burgués, como un gorrioncito!
Beberé tu sangrecita
Por mi corazoncito,
Mi bella de negras cejitas…

Dale paz, Señor, al alma de tu sierva…

¡Qué aburrido!



9

No se oye el rumor de la ciudad,
Sobre la torre Nevsky reina el silencio,
Y no se divisa ni un solo paco –
¡Divertámonos, chicos, aunque sea sin vino!

Parado está el burgués en la encrucijada
Con la nariz escondida en las solapas.
Y contra él, con la cola entre las patas,
Frota su pelo burdo un perro sarnoso.

Está allí el burgués, como un perro hambriento,
Está allí mudo, como un signo de interrogación.
Y el viejo mundo, como un quiltro,
Detrás de él está, con la cola entre las piernas.



10

La nevazón desencadenada,
¡Oh nevazón, qué nevazón!
Y nada se puede ver,
¡Ni siquiera a cuatro pasos!

La nieve en torbellino,
La nieve elevada en columnas…

–¡Oh, qué tempestad, Salvador nuestro!
–¡Pietka! ¡Ey! ¡Déjate de leseras!
¿De qué te ha salvado
La pared de iconos dorada?
Un inconsciente eres, está claro,
Razona pues, piénsalo bien –
¿Acaso no tienes las manos con sangre
Por el amor de una Katka?
– ¡Con paso revolucionario, marcha!
¡El incansable enemigo está cerca!

¡Adelante! ¡Adelante! ¡Adelante!
¡Pueblo trabajador!



11

…Y sin el santo nombre que los proteja,
Los doce continúan andando.
Preparados para todo,
Sin nada lamentar…

Sus pequeños fusiles de acero
Apuntados al enemigo invisible…
Por los callejones desiertos
Donde sola la nevazón revolotea…
Y los suaves montones de nieve
Te agarran la bota y no la quieren soltar…

Delante, una bandera roja
Golpeándoles los ojos.

Resuena
Su paso mesurado.

Ya despertará
El feroz enemigo…

Y la nieve salpica sus ojos
Días y noches
Sin parar…

¡Adelante! ¡Adelante!
¡Pueblo trabajador!



12

…Y se alejan con paso soberano…
– ¿Quién está allí? ¡Acércate!
…Era solo el viento jugando
Con la bandera roja enfrente…

Y hay enfrente un montón de nieve,
– ¿Quién vive? ¡Fuera de allí!..
Solo el pobre perro hambriento
Que cojea por allí…

– ¡Lárgate ya tiñoso!
¡O te cosquilleo con mi bayoneta!
¡Viejo mundo, desaparece!
¡Como a un perro sarnoso te golpearé!

…Los colmillos muestra – un lobo hambriento,
La cola entre las patas – y no se despega…
El perro tirita – un pobre quiltro…
– ¡Ey, responde! ¿Quién va allí?

– ¿Quién agita allá la bandera roja?
– ¡Miren, ahora sí que está oscuro!
– ¿Quién camina allá como un prófugo,
Detrás de las casas agazapado?

– ¡Da lo mismo, ya te agarraré!
¡Mejor será que te muestres vivo!
– ¡Ey, camarada, que esto se pondrá mal!
¡Sal de allí! ¡O vamos a disparar!

¡Rat-a-ta-ta! – Y solo el eco
Que rebota entre las casas…
Solo la risotada de la tormenta
Que se esparce en la nieve…

¡Rat-a-ta-ta!
Rat-a-ta-ta…

…Y así van con paso soberano,
Detrás les sigue el perro hambriento,
Delante – con bandera ensangrentada,
Invisible en la nevasca,
Invencible bajo las balas,
Con paso ligero sobre la tormenta,
En la nieve desparramada como perlas,
Con una corona blanca de rosas –
Delante – va Jesucristo.




Enero, 1918





Traducción del ruso de Miguel Muñoz Herrera







Lectura del poema por D. Alëshin
En ruso: [1]




* Nota del traductor: En la traducción del poema se ha seguido la disposición del texto original en ruso en lenguaje popular y vulgar. Nótese que en el poema los personajes son nombrados, tres de ellos, en diversas formas cortas o en diminutivo: Katia (Katya)─Katka, Pietka─Petrukha, Vañka─Vaniushka. Al término del poema, “Jesucristo” viene escrito en el texto ruso como “Исус Христос” (Isus Khristos) en lugar de “Иисус Христос” (Iisus Khristos) como sería la forma correcta. Aunque la adopción por Blok de la primera forma puede ser debida a consideraciones métricas, se ha especulado que ella envía a una pronunciación sectaria, a una secta con la cual el poeta tenía contacto.





ДВЕНАДЦАТЬ
Поэма
1 // Черный вечер./ Белый снег./ Ветер, ветер!/ На ногах не стоит человек./ Ветер, ветер -/ На всем божьем свете!//... 12// ...Так идут державным шагом,/ Позади – голодный пес,/ Впереди – с кровавым флагом,/ И за вьюгой невидим,/ И от пули невредим,/ Нежной поступью надвьюжной,/ Снежной россыпью жемчужной,/ В белом венчике из роз –/ Впереди – Исус Христос.//