martes, diciembre 27, 2011

Carta de James Joyce a su esposa Nora Bernacle

© Traducción de Juan Carlos Villavicencio


2 de diciembre de 1909
44 Fontenoy Street, Dublín.
 

Querida mía:

Debería empezar por pedirte perdón, tal vez, por la extraordinaria carta que te escribí anoche. Mientras la estaba escribiendo tu carta yacía frente a mí y mis ojos estaban fijos, como lo están incluso ahora, en cierta palabra escrita en ella. Hay algo obsceno y lascivo en el aspecto mismo de las cartas. El sonido de aquel también es como el acto mismo, breve, brutal, irresistible y diabólico. Querida, no te ofendas por lo que te he escrito. Me agradeces por el hermoso nombre que te di. Sí, querida, es un lindo nombre “¡Mi hermosa flor salvaje de los setos! ¡Mi azul y oscura flor empapada por la lluvia!”. Ya ves que aún me queda un poco de poeta. Te estoy dando también un adorable libro como regalo: y es un regalo de poeta para la mujer que ama. Pero, de lado a lado y dentro de este amor espiritual que tengo por ti hay además una bestia salvaje -como ansiosa por cada pulgada de tu cuerpo, por cada secreta y vergonzosa parte de él, por cada olor y acto de él. Mi amor por ti me permite rezar al espíritu de la belleza y ternura eterna reflejado en tus ojos o arrojarte bajo mío sobre aquel suave vientre tuyo y culiarte por atrás, como un cerdo monta una cerda, glorificando el terrible mal olor y sudor que sale de tu culo, glorificando la abierta forma de tu vestido dado vuelta y tus blancos calzones de niña y en la confusión de tus ruborizadas nalgas y enredado pelo. Esto me permite estallar en lágrimas de piedad y amor ante cualquier palabra leve, temblar de amor por ti ante el sonido de algún acorde o cadencia musical o acostarse haciendo un sesenta y nueve contigo sintiendo tus dedos acariciando y haciéndole cosquillas a mis bolas o aferrándote a mí y tus labios calientes chupando mi verga mientras mi cabeza está encajada entre tus gordos muslos, mis manos agarrando firmes los redondos cojines de tu culo y mi lengua lamiendo vorazmente tu maloliente concha roja. Te he enseñado casi a desvanecerte al escuchar mi voz cantando o murmurando a tu alma la pasión y el dolor y el misterio de la vida y al mismo tiempo te he enseñado a hacerme señales indecentes con tus labios y lengua, para provocarme con toques y ruidos obscenos, e incluso a hacer en mi presencia el acto más vergonzoso e indecente del cuerpo. ¿Te acuerdas del día en que te levantaste la ropa y me dejaste acostar abajo mirándote mientras lo hacías? Después te daba vergüenza incluso mirarme a los ojos.

¡Eres mía, querida, mía! Te amo. Todo lo que he escrito arriba es sólo un momento o dos de locura brutal. La última gota de semen ha sido difícilmente rociada en tu concha antes que termine y mi verdadero amor por ti, el amor de mis versos, el amor de mis ojos por tus extraños y atractivos ojos, viene soplando sobre mi alma como un viento de especias. Mi verga está todavía caliente y dura y temblorosa de la última brutal embestida que te ha dado cuando un tenue himno se escucha creciendo en una tierna y lastimera adoración hacia ti desde los oscuros claustros de mi corazón.

Nora, mi fiel amada, mi pícara colegiala de ojos dulces, se mi puta, mi amante, tanto como quieras (¡Mi pequeña y puta amante! ¡Mi pequeña puta de mierda!). Siempre eres mi hermosa flor salvaje de los setos, mi azul y oscura flor empapada por la lluvia.






Jim








I ought to begin by begging your pardon, perhaps, for the extraordinary letter I wrote you last night. While I was writing it your letter was lying in front of me and my eyes were fixed, as they are even now, on a certain word of it. There is something obscene and lecherous in the very look of the letters. The sound of it too is like the act itself, brief, brutal, irresistible and devilish. Darling, do not be offended at what I wrote. You thank me for the beautiful name I gave you. Yes, dear, it is a nice name ‘My beautiful wild flower of the hedges! My dark-blue, rain-drenched flower!’. You see I am a little of the poet still. I am giving you a lovely book for a present too: and it is a poet’s present for the woman he loves. But, side by side and inside this spiritual love I have for you there is also a wild beast-like craving for every inch of your body, for every secret and shameful part of it, for every odour and act of it. My love for you allows me to pray to the spirit of eternal beauty and tenderness mirrored in your eyes or fling you down under me on that softy belly of yours and fuck you up behind, like a hog riding a sow, glorying in the very stink and sweat that rises from your arse, glorying in the open shape of your upturned dress and white girlish drawers and in the confusion of your flushed cheeks and tangled hair. It allows me to burst into tears of pity and love at some slight word, to tremble with love for you at the sounding of some chord or cadence of music or to lie heads and tails with you feeling your fingers fondling and tickling my ballocks or stuck up in me behind and your hot lips sucking off my cock while my head is wedged in between your fat thighs, my hands clutching the round cushions of your bum and my tongue licking ravenously up your rank red cunt. I have taught you almost to swoon at the hearing of my voice singing or murmuring to your soul the passion and sorrow and mystery of life and at the same time have taught you to make filthy signs to me with your lips and tongue, to provoke me by obscene touches and noises, and even to do in my presence the most shameful and filthy act of the body. You remember the day you pulled up your clothes and let me lie under you looking up at you while you did it? Then you were ashamed even to meet my eyes. // You are mine, darling, mine! I love you. All I have written above is only a moment or two of brutal madness. The last drop of seed has hardly been squirted up your cunt before it is over and my true love for you, the love of my verses, the love of my eyes for your strange luring eyes, comes blowing over my soul like a wind of spices. My prick is still hot and stiff and quivering from the last brutal drive it has given you when a faint hymn is heard rising in tender pitiful worship of you from the dim cloisters of my heart. // Nora, my faithful darling, my seet-eyed blackguard schoolgirl, be my whore, my mistress, as much as you like (my little frigging mistress! My little fucking whore!) you are always my beautiful wild flower of the hedges, my dark-blue rain-drenched flower. //










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