jueves, octubre 29, 2009

“Un mensaje imperial”, de Franz Kafka






El Emperador, tal va una parábola, os ha mandado, humilde sujeto, quien sóis la insignificante sombra arrinconándose en la más recóndita distancia del sol imperial, un mensaje; el Emperador desde su lecho de muerte os ha mandado un mensaje para vos únicamente. Ha comandado al mensajero a arrodillarse junto a la cama, y ha susurrado el mensaje; ha puesto tanta importancia al mensaje, que ha ordenado al mensajero se lo repita en el oído. Luego, con un movimiento de cabeza, ha confirmado estar correcto. Sí, ante los congregados espectadores de su muerte -toda pared obstructora ha sido tumbada, y en las espaciosas y colosalmente altas escaleras están en un círculo los grandes príncipes del Imperio- ante todos ellos, él ha mandado su mensaje. El mensajero inmediatamente embarca su viaje; un poderoso, infatigable hombre; ahora empujando con su brazo diestro, ahora con el siniestro, taja un camino a través de la multitud; si encuentra resistencia, apunta a su pecho, donde el símbolo del sol repica de luz; al contrario de otro hombre cualquiera, su camino así se le facilita. Mas las multitudes son tan vastas; sus números no tienen fin. Si tan sólo pudiera alcanzar los amplios campos, cuán rápido él volaría, y pronto, sin duda alguna, escucharías el bienvenido martilleo de sus puños en tu puerta.

Pero, en vez, cómo vanamente gasta sus fuerzas; aún todavía traza su camino tras las cámaras del profundo interior del palacio; nunca llegará al final de ellas; y si lo lograra, nada se lograría en ello; él debe, tras aquello, luchar durante su camino hacia abajo por las escaleras; y si lo lograra, nada se lograría en ello; todavía tiene que cruzar las cortes; y tras las cortes, el segundo palacio externo; y una vez más, más escaleras y cortes; y de nuevo otro palacio; y así por miles de años; y por si al fin llegara a lanzarse afuera, tras la última puerta del último palacio -pero nunca, nunca podría llegar eso a suceder-, la capital imperial, centro del mundo, caería ante él, apretada a explotar con sus propios sedimentos. Nadie podría luchar y salir de ahí, ni siquiera con el mensaje de un hombre muerto. Mas os sentáis tras la ventana, al caer la noche, y os lo imagináis, en sueños.






1919













1 comentario:

Eduardo dijo...

Hola, sé que no viene muy a cuento comentarte esto aquí pero no sabía cómo contactar contigo de otra manera.
Soy Edu, del equipo de organización del Festival Eñe. Quería comentarte que los próximos 13 y 14 de noviembre un sueño de nuestra revista se hará realidad: celebraremos un festival en el que el Círculo de Bellas Artes de Madrid se convertirá en el lugar para festejar la literatura.
El Festival Eñe reunirá a más de 70 escritores, editores, creadores, músicos, cineastas… para hablarnos de libros, actualidad y celebrar las letras. Lo hará con un programa en el que las ideas se mezclarán con las lecturas, las lecturas con la música, la música con el aprendizaje y, todo ello, con la fiesta. Algunos de los autores que participarán en el festival son: Álvaro Pombo, José Antonio Marina, Antonio Gamoneda, Chema Madoz, Agustín Fernández Mallo, Soledad Puértolas, Jorge Herralde, Javier Cercas o Vicente Molina Foix, entre otros. Si quieres más información pásate por www.revistaparaleer.com/festival-ene
Esperamos que puedas venir, luego no digas que no te lo avisamos…
¡Saludos!