domingo, enero 11, 2009

“Infancia”, de Rainer María Rilke






Allí transcurre la extensa angustia de la escuela
y el tiempo de espera entre objetos indistintos.
Oh soledad, oh pesadumbre, de pasar el tiempo...
Y al salir: bullen y suenan las calles,
y en las plazas se elevan surtidores,
y en los parques se amplía el mundo.
E ir por todo eso en traje infantil,
muy distinto de los que van o fueron:
Oh edad singular, oh pasatiempo,
oh soledad.

Y contemplar de lejos:
hombres y mujeres;
hombres y mujeres y niños que son otros y vistosos;
y allá una casa, y a veces un perro,
y un susto mudo, qué sueño, qué espanto,
oh, qué hondura sin fondo.

Y así jugar: pelota y arco y aro
en un jardín que suave palidece,
y, a ratos, por tocar a los mayores,
ciego y loco jugando al escondite,
pero quieto al anochecer, y volver a casa
paso a paso, rígido y tomado de la mano:
Oh, qué comprender más huidizo;
oh, qué angustia, qué peso.

Y arrodillarse muchas horas junto al estanque
grande y gris con el barco a vela;
olvidándolo, sin embargo, porque otros iguales,
de velas más enormes, circulaban por delante,
y tener que pensar en el rostro
pálido que parecía hundirse en el estanque:
Oh, la infancia, oh, comparación inaprensible.

¿Adónde fue, adónde?






en Libro de las Imágenes, 1902-1906










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